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El poema
más grande
de la feria.
«¿Nos ayudas a escribir el poema más grande de la Feria del Libro de Madrid?». Durante los diecisiete días de feria, cada visitante nos dejó una palabra, una anécdota o un recuerdo. Con todas esas voces escribimos, a máquina y en directo, un único poema colectivo.
En la 85ª Feria del Libro de Madrid nos propusimos algo sencillo y desmesurado a la vez: escribir un único poema que guarde todas las voces que la habitan.
No es una antología ni una suma de textos sueltos. Es un poema único, escrito por Álvaro Piedelobo, Pablo Urizal y Paula Carrillo, que guarda la mirada de quienes se acercaron. Un poema imposible de repetir, como imposible es repetir una feria.
Con todas vuestras historias escribimos un poema colectivo.
Una palabra, una anécdota o un recuerdo que te conecte con la feria. Eso era todo lo que pedíamos.
El poeta lo teje al momento, a máquina de escribir, y lo suma al poema en directo.
Con todas las historias, un solo poema colectivo: el más grande de la feria.
El poema
más grande
de la feria.
Escrito de manera colectiva con las voces de los visitantes de la 85ª Feria del Libro de Madrid, 2026.
Cautivo de las voces infinitas,
me suelto de las manos de mis padres
y echo a correr.
La historia empieza con un «Érase una vez»,
pero todas las palabras son la excusa
de un salto al vacío.
Libre en la expresión
de la voz de los libros,
construyen un refugio
y no huyen si no del calor.
Una mariposa distraída
recorre las casetas
y en el verdor del Retiro
deja sus colores entre letras.
Máquina de letras no teme al olvido,
resucita siempre en las manos de un niño
que acaricia el bosque que soñamos todos.
El cuento guarda en su corazón un paseo.
El sol amenaza curioso,
colándose al fondo de los puestos,
aviva la llama de los libreros.
Una mirada, un autor,
la alegría de vivir,
volver a casa
con lo que iba a ser un libro
y acabó siendo
un estante repleto.
A la sombra de un árbol,
la sombra del tiempo,
bajo el cobijo de un libro
solté las manos de mis padres.
No había pantallas a mi alrededor,
el papel hablaba
de la cosecha,
de la esperanza,
del brote siempre vivo
de la literatura.